Caute

ARTE – SANA


Por Diana Guerra.

Directora de CAUTE y psicoanalista con especialidad

en pareja y terapia médica familiar.

La palabra artesano se le atribuye aquello que utiliza el arte,  a quien elabora objetos a mano  y que  está relacionado con la  expresión cultural de un pueblo;  sin embargo, en este escrito no pretendo hablar del lado cultural del arte, sino del poder curativo y  medicinal de la expresión plástica.  El arte sana y veremos porque.

 

Empecemos por diferenciar aquel arte de artistas  profesionales que además de tener un talento, estudian técnicas, obtienen su identidad y hasta el  sustento de vida en la expresión de las artes plásticas, ahí lo importante es el producto o el objeto terminado, que generalmente se pone a la venta, tiene un objetivo en particular y es representante de un artista, también hagamos del lado la educación escolar básica que en ocasiones limita la posibilidad de manifestar libremente, porque de lo que  se trata es que todos elaboren con ciertas técnicas una tarea establecida;  El arte independientemente del fin para el que se le crea es expresivo y proyectivo, pero para que sea sanador tiene que tener un sentido personal y  una significación;   vayámonos entonces a aquella experiencia primitiva,  a esa habilidad ancestral y rupestre del que hay evidencia en las cavernas y en los fósiles, es decir la  capacidad humana  innata,  por medio de la cual cualquier persona, independientemente de su edad, sus capacidades intelectuales y académicas es reveladora,  porque puede descubrir la forma en como piensa y siente su entorno, para representar la forma en como percibe la vida,  las conductas sociales y la experiencia acontecida. No es lo mismo colorear una manzana de una ilustración impresa  que representar lo que cada persona conoce desde su historia como manzana, para alguien puede ser la manzana que le regaló a su maestra, para otro podrá ser una manzana podrida con un gusano que encontró en el bosque, para otros la virilidad de su abuelo   y también habrá quien haya estado en  la gran manzana (nueva York).

 

Como psicoterapeutas sabemos que las representaciones propias, son elaboradas por un mix de vínculos, historias, el contexto, el entorno social y cultural, las representaciones  no son solo narrativa de vida, están concentradas de emociones, sentimiento y recuerdos, que en ocasiones se dificulta  expresar todo su contenido con palabras y ahí es donde entra el arte, como medio de manifestación  donde los colores y el material utilizado son un vehículo para que el mundo interno brote y este a su vez sea afectado por la intervención en el arte. 

Gracias a las tecnologías actuales se tiene evidencia  que el arte proporciona  beneficios neurológicos directos,  mayor plasticidad cerebral y se asocia directamente con la sensación de satisfacción, placer y recompensa, lo que promueve un  estado de salud general.

Más allá de esta evidencia científica, terapéuticamente la expresión pictórica  nos autoriza el trascender la línea de lo consciente y lo inconsciente, nos permite suprimir los límites del tiempo para viajar al pasado, fantasear con  las expectativas del futuro y regresar al presente de nuestra vida personal y transpersonal en  cada historia plasmada en el papel en forma de figura, al observar ese objeto de arte creado,  puede ser modificado. Cuando se emplea el arte en un proceso terapéutico lo acontecido queda fuera del sistema y ahí es posible moldear, dar color, borrar y  transformar lo que posibilita una  perspectiva distinta, se generan rutas novedosas de solución,  promueve la creatividad, permite ser inquisitivo ante alguna situación que se está experimentando, esa ilustración ahora es conocimiento que provoca o intriga, que agrada, que promueve bienestar o da expresión a aquello que perturba o angustia, aventurarse con los materiales y las mezclas coloridas promueve investigar con curiosidad, la manera inesperada en que la vida al igual que en el arte no sale del modo en la que se espera,  permite flexibilizarse ante el proceso y genera  reconocimiento, aceptación  y en muchas ocasiones  da sentido a lo vivenciado. 

Recuerdo como una persona que atravesaba un movimiento de trabajo, su hijo se iba a vivir a otro estado y había ciertas tenciones en su matrimonio, se sentía muy abrumada  con las emociones a flor de piel  dibujó con hojas secas una ráfaga de viento que todo movía, colores vibrantes que sintonizaban con las líneas que daban la sensación de ajetreo y un ave sostenido de una rama esperaba calmada a que pasara la tormenta, al observar su arte pudo reconocerse como una persona paciente, resiliente ante la incertidumbre y percibió la calma con la que estaba confrontando su momento de vida, claro que ubicó que conductas que   le inquietaba,  más dejo fuera de sí la angustia que transformó en posibilidad de nuevos comienzos, que la llenaron de alegría y deseo.  

Entre más sensibilidad y menos juicio se le ponga a lo expresado en el arte, la persona puede acceder a información que ha quedado en lo profundo del psiquismo y que de alguna forma se evidencia para hacerlo consiente, para aprender hacer algo con ese conocimiento o simplemente aceptar su existencia. 

Igualmente, la expresión artística posibilita la elaboración de un espacio entre lo personal y lo público, a modo de intimidad compartida puede o no develar el  mundo interno a los de los  otros, elegir que y a  quien hacer partícipe de la historia,   otorga la posibilidad de vulnerarse con una colectividad que testifica y acompaña los ecos de todos, que resuenan en sintonía con los saberes personales y grupales, las transiciones experimentadas, la adquisición de consciencia, entendimiento e introspección compartida que posibilita el poder de la cura.

Lo que se afecta en el arte es afectado en el psiquismo de quien lo elabora y ahí la importancia de  que la interpretación no debe venir de otro, cuando alguien pretende dar significación  y juicio a lo que se elabora pierde su posibilidad sanadora, el arte sana en función que mueve los propios significantes que dan contexto a la  propia historia y la misma persona tiene el poder y la autoridad para hacer o no algo con esa información, la expresión y la evidencia tiene nombre propio y debe ser respetado como auténtico. 

 

La mayoría de las personas adultas con las que he trabajado con el arte como medio de sanación emocional, empiezan con el juicio de no saber dibujar y es casi como reconocer que no saben como sanar; sin embargo,  en México sanar por medio del arte es utilizado desde nuestros antepasados indígenas, nuestras raíces saben que los colores son representación de poder y alegría, los mexicanos sabemos y conocemos la importancia de transformar la historia lastimera en experiencia enriquecedora del alma, debemos de confiar  más en las capacidades y en las posibilidades que tenemos para procurar nuestro cuidado personal, el arte es un medio el deseo de bienestar es posible y está al alcance de unos cuantos colores y unas hojas. 

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