Caute

La violencia nos habita


Febrero 20, 2020

Antes de que alcancemos la paz en México,
tenemos que encontrar la paz en nosotros mismos. –
Diana Guerra

 

Por Diana Guerra

Cuando escucho o leo sobre los asesinatos o la violencia a la mujer en México, amparado por la impunidad, la falta de justicia y ley de protección en nuestro país, me invade una mezcla de sentimientos desoladores de rabia, angustia, injusticia y vulnerabilidad, como especialista en el campo de lo humano me planteo, ¿qué estamos haciendo mal? ¿Por qué la sensibilización a la población no causa efecto en lo cotidiano? ¿cuál es la razón de la vulnerabilidad de la mujer? ¿Por qué los valores de respeto, amor, solidaridad, tolerancia y paz no son comunes en nuestra población?¿Por qué las personas que no practicamos la violencia no hemos podido tejer redes que sirvan como sustento simbólico de comunidad y vínculo social?

Escribo este artículo con el fin de esclarecer(me) sobre el síntoma social de los feminicidios y de qué forma revertir los datos duros. Iniciemos aclarando a qué el término del «feminicidio» que lo diferencia del homicidio o asesinato por parte de las instancias gubernamentales:

La muerte violenta de las mujeres por razones de género, tipificada en nuestro sistema penal como feminicidio, es la forma más extrema de violencia contra la mujer y una de las manifestaciones más graves de la discriminación hacia ellas (www.gob.mx).

Bajo diferencias sustanciales, un homicidio tiene que ver con la muerte que una persona ocasiona a otra, el asesinato conlleva un grado de alevosía y ensañamiento, mientras que el feminicidio difiere de estos últimos en tanto la asesinada es mujer, es decir el móvil de la muerte es la diferencia de sexo aunado a un alto grado de violencia, no interesando la edad, quién lo hace o dónde ocurre, importa el factor de que la víctima es mujer; sí el responsable es capturado y juzgado podrá recibir la pena máxima de 65 años en prisión, a diferencia del homicidio o asesinato que podría ser de 15 años o 20 años, como máximo.

A lo largo de los últimos 30 años, los académicos han elaborado estudios cualitativos y cuantitativos donde se muestra que la mujer, a diferencia del hombre, padece más violencia de género donde el dolo y depravación tienen mayor grado, agravándose, en la última década, los casos y las formas en las que son asesinadas en las diferentes comunidades del país, llegándose a consolidar el término a nivel jurídico de «feminicidio».

La ley obviamente prohíbe cualquier tipo de estas muertes, pero parte de la gravedad de la existencia de este problema es el estado deficiente de derecho del sistema judicial y penal mexicano, siendo conocida la impunidad en nuestro país, es la que principalmente favorece la permisividad de la agresión hacia la mujer.

Las noticias anuncian posibilidades “Al alza, promedio diario de homicidios dolosos en el país”, “2019 el año más violento en México”, “Las autoridades y los delincuentes, ¿quién trabaja para quién?”, titulares que divulgan lo que vivimos en un país donde es factible transgredir al otro sin consecuencias jurídicas y judiciales más que la reproducción del puro goce de las perversiones y el odio.

Así, lo que hoy llamamos «violencia de género» es solo una fracción del alto grado de crueldad y ensañamiento que en nuestro país acontece, consecuencia de estar inmersos en el contexto social en el cual se vuelve inevitable que la vulnerabilidad de la mujer se vea afectada por lo punzante del ambiente. Como ejemplo, muestro algunos datos:

“De los 35, 558 homicidios registrados en México el año pasado, 3, 825 de las víctimas eran mujeres”. (www.latimes.com)

En esta cifra, habrá que tomar en cuenta la cantidad de homicidios registrados, seguramente hay más pero el dato que nos interesa es la muerte hacia la mujer que representa el 10% del total de muertes. No se trata de minimizar sino de ampliar el contexto, pienso que los títulos de los tabloides sesgan el entorno social nacional, por lo que la misiva es la muerte general acontecida en el país: NO están matando a las mujeres en México, en México estan matando. ¡Esa es la realidad!

Los movimientos feministas a nivel nacional e internacional, hacen hincapié en la existencia y derogación de la condición de subordinación femenina ejercida por el hombre para mantenarla bajo el control y el orden social establecido; me pregunto sí es también por dichos movimientos –donde la mujer se revela, se libera y da cuenta de dicha subordinación- que es violentada como una forma de mantenerla en cintura, ¿será por esta rebeldía al poder y a la autoridad ejercida por el otro, que una de las modalidades en las que más se practica la violencia es la psicológica seguida de la económica derivando a la violencia física?

¿Qué han tenido que hacer algunos hombres para sostener su hombría? ¿Qué les ha llevado a imponer su virilidad por medio de exacerbar su poder, de enaltecer la humillación y en desvalorizar a la mujer? ¿Qué es un hombre sin ese poder? ¿Un asesino? No todos, tengamos cuidado con las generalidades. Hay sociopatas, feminicidas y gente sin escrúpulos; ni todas las mujeres son violentadas ni todos los hombres violentan. Hay hombres que respetan a la mujer como ser humano, como ser profesional, como madre y/o como compañera de vida, esos hombres tienen que hacerse ver y mostrarse como ejemplo de hombría en el siglo XXI.

Por lo pronto lo que nos queda corregir a nosotros como seres neuróticos, tanto hombres como mujeres, es empezar hacer las cosas diferentes cada uno desde su postura -masculina y femenina-. No cabe duda de que algo pasa, lo vemos, lo sentimos, le leemos, nos es cercano y nos atraviesa. Hay algo en medio que nos corresponde como población en general, tenemos el deber social de ejecutar el cambio.

Mi propuesta es vivir a partir de los valores sociales de respeto, amor, solidaridad, tolerancia y paz. VIVIR CON LOS VALORES como carta de presentación personal, valores que permeen la vida de nuestros hijos para que, como seres sociales, genealógicamente los hereden a su forma de pensar, colocarse y actuar en el mundo.

Dejar de publicitar la muerte, violencia e impunidad por una promoción de respeto a la vida, dignidad como persona independiente del género que te representa y no permitir en ninguna circunstancia ni violentar ni ser violentado.

Hay muchísima información en Internet sobre la violencia y las formas en las que se ejerce. Necesitamos leer, informarnos y compartir por medio del vínculo y la palabra: en la comunidad, en el trabajo, en otras áreas sociales de la vida diaria. La forma civilizada de convivir no promueve el odio, el desquite ni el abuso, sin importar de qué lado estés, ninguna persona tiene poder sobre otra independientemente del género, posición económica, social ni laboral. Con todo y el miedo que ronda, confrontemos para exigir dignidad y no permitamos a nadie su deseo de sobrepasar sobre nuestra integridad.

Avalo el intento de la utopía porque me permite pensar otro modo de sobrellevar la angustia innata. No hay más que hacernos responsables uno a uno de nuestra responsabilidad social, los invito por lo menos a intentarlo.

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