Caute

FINANZAS Y ALIANZAS EN LA PAREJA


Septiembre 17, 2019

Sin caer en provocaciones, hablemos de dinero.

por Mtra. Diana M. Guerra Cadeñanes, psicoanalista especializada en la complejidad de la pareja

“Una persona inteligente
debería tener dinero en su cabeza
y no en su corazón”. - Jonathan Swift

 

El dinero es el instrumento de intercambio del sistema económico que nos rige, es el medio que legitima un pago de un bien recibido, en términos generales y estrictos el dinero es una simple moneda de cambio, pero para ser algo tan simple  el contexto es verdaderamente complejo porque matiza el interés disimulado, sostiene el temor de vivir dentro del sistema capitalista que exige pagar cuentas a veces exorbitantes y reproducir un sistema social que demanda un estatus y un valor personal y familiar en función de las posesiones.

En este contexto, la pareja no está exenta de las provocaciones de una cultura consumista: “Estoy endeudado hasta el tope”, “¡Qué la mantenga el gobierno!”, “Yo no tengo finanzas propias, le pertenecen a mi mujer”, “Ni todo el amor ni todo el dinero”, “Cuando el dinero sale por la puerta el amor salta por la ventana”, “En esta familia los hombres trabajan”, “Lo que tú generas todo es para la casa”, “El dinero no te hace feliz, pero relaja los nervios” y un largo etcétera de expresiones ya cotidianas que oímos alrededor de situaciones de pareja afectadas por el dinero, expresiones llenas de bagajes culturales y deudas subjetivas ancestrales.

En México, aunque el dinero es de uso cotidiano, hablar sobre ello es tema tabú, la persona que lo hace es estigmatizado como interesado, por lo que es preferible someterse al régimen de “las buenas costumbres” y sostener la creencia sobre la concepción de las relaciones amparadas en el amor, la confianza y la buena fe; esta dinámica sustentada en supuestos en lugar de convenios ha traído desacuerdos vinculares, rupturas familiares y sociales. Sin embargo, en las últimas generaciones se ha visto un cambio en el perfil de la pareja mexicana, principalmente en las grandes ciudades con estilos de vida más costosos: la dinámica en la organización económica familiar no es la misma  que vivieron las abuelas y, aunque el hombre aún se percibe como el proveedor y sustento económico, la mujer sostiene el hogar y la función filial de la familia donde se requiere su intervención en el sostén económico, modificando los roles tradicionales y generando participación del hombre dentro del hogar y en el cuidado de los hijos y/o enfermos.

Este cambio no se ha dado sin efectos y resistencias, ha provocado desacuerdos, discusiones, sometimientos y graves malestares en la pareja que fomentan  el distanciamiento y en últimas consecuencias el divorcio.

En una separación, entre lo que “es de nosotros” al  “yo lo produje y tú te lo gastas”, entre el “yo doy más y tú no trabajas” o “yo deje de trabajar por cuidar a los niños”, lo “nuestro” deja de ser plural para pasar a la pertenencia en lo particular,  dejando a las personas vulnerables dentro de un sistema capitalista que no deja de exigir.

El divorcio no debe establecerse como un destino inevitable sino una posibilidad latente consecuencia de no despojarle al dinero el estatuto de tabú y, simultáneamente, fomentar entre pareja la diversidad de formas que el dinero tiene para fungir como un verdadero medio a los fines de cada uno y de la pareja en sí, y no un tercero en discordia.

Comunicación en conjunto con la flexibilidad son herramientas para salir airosos de este tema y situaciones. Se debe saber y tomar en cuenta el rol que se tiene, cuál se desea tener y cuál es el necesario en función del momento de vida de la pareja, es importante valorar las responsabilidades, los beneficios y costes que conllevan. También es necesario analizar los acuerdos implícitos y los supuestos para hacer convenios explícitos, observar y analizar las relaciones de poder y su equilibrio o desequilibrio.

Conocer que la individualidad no daña a la pareja, que es sano instaurar estructuras donde lo tuyo, lo mío y lo nuestro está claramente especificado en derechos y obligaciones. Y por último, invitar  a abordar el tema tabú que ya no necesita serlo: el precio económico que se debe cubrir por el valor del trabajo que no es remunerado y que se califica como altruista, filial.

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